El Ave Fénix de la piscina

Tras descender a las más oscuras profundidades, Anthony Ervin logró salir a la superficie en Río de Janeiro y, 16 años después, volvió a colgarse una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos

SPGO28

Jack y Sherry Ervin vivían en Valencia, California, en mayo de 1981 cuando tuvieron a su hijo, al que decidieron llamar Anthony. El pequeño cuerpo de su hijo era una mezcla de genes afroamericanos y nativos gracias a su padre y judíos debido a su madre. Viendo que era un niño rebelde y falto de disciplina, decidieron apuntarle a clases de natación.

En la piscina demostró unas condiciones por encima del resto y empezó a ganar carreras, algo que en principio gusta a todo el mundo pero que él odiaba. Pronto fue diagnosticado con el síndrome de Tourette y tuvo que empezar a tomar fuertes tranquilizantes para controlar los tics nerviosos. Sus exhibiciones en la piscina llamaron tanto la atención que logró una beca de natación en la prestigiosa universidad de Berkeley, con la que mientras estudiaba el grado de inglés logró entrar en el equipo que representaría a los Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Sidney.

La natación es una cosa muy seria en Australia, tanto que la mitad del país sigue las pruebas de clasificación para las citas olímpicas. El centro acuático internacional de Sidney estaba preparado para ser la sede de la gran fiesta australiana de este deporte. Allí llegaron los de las barras y las estrellas dispuestos a plantar cara con, entre otros, un desconocido adolescente llamado Michael Phelps.

Sigue leyendo el reportaje en la página 4 de la revista SPGO 28 o si lo prefieres puedes descargar la edición completa en formato PDF.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.