Jonathan Brownlee se inMola

Cozumel (México), prueba final de las Series Mundiales de triatlón, todo por decidir y cada uno de los participantes pendientes de un enemigo común correoso, plomizo e inabordable, el calor tropical. Las matemáticas eran el aliado más fiel de Jonathan Brownlee, que si cruzaba la meta en primer lugar obligaba a Mario Mola, su último escollo para el título, a finalizar en tercer lugar.

Todo sonreía al pequeño de los Brownlee. Su hermano Alistair y el sudafricano Henri Schoeman eran el colchón sobre el que reposaba el oro; el mayor de la saga llegaba a la cita sin opciones de ser campeón del mundo y su prioridad era ejercer de comodín estratégico de Jonathan; él y Schoeman eran dos peones colocados entre Jon y Mola, lo que dejaba en jaque mate las aspiraciones del mallorquín, que como máximo podría ser cuarto y, por tanto, segundo en la general.

El desenlace parecía un mero trámite, ya que la prueba adquiría un tono anglosajón casi desde el principio cuando Mola se dejaba en el agua (la primera prueba) una importante desventaja que le obligaba a una remontada épica para tener opciones de quedar primero en el cómputo global del campeonato. En los puestos de cabeza no había signos de flaqueza ni concesiones, el ritmo era constante. El británico no dosificaba e iba al límite para neutralizar cualquier tipo de reacción del español. Los esfuerzos de Mola por recortar las distancias eran insuficientes. De nuevo veía cómo se quedaba a las puertas y tendría que conformarse con otro subcampeonato, tras los cosechados en Edmonton (2014) y Chicago (2015).

Sin embargo, aquella exigencia máxima y el calor empezaron a pasar factura al británico. La cadencia de la zancada de Jon empezó a mutar; apenas levantaba los pies, sus rodillas parecían soldadas y no existía flexión, las piernas parecían dos miembros inertes que se balanceaban sin control. Empezó a zigzaguear, al tiempo que giraba el cuello hacia atrás para controlar a sus rivales consciente de que algo no iba bien. Su torso se erguía en un intento de mantenerse firme, mientras que sus brazos se agitaban con fuerza tratando de imprimir una fuerza que sus ejes inferiores ya no eran capaces de proporcionar.

Entonces, sufrió un colapso total; su coordinación y toda función motriz se cortocircuitaron y las órdenes cerebrales eran leves chispazos que llegaban a sus músculos como susurros indescifrables. A punto de tropezar y desplomarse en el suelo, un asistente alcanzó a agarrarlo e instintivamente Jonathan aceptó el punto de apoyo para sostenerse. Pero en pleno apagón del sistema nervioso, el gen ganador y competitivo se reactivó; las escasas fuerzas que quedaban en la reserva las usó para retirar el brazo del miembro de la organización que lo mantenía en posición vertical con la intención de proseguir la marcha.

En ese momento llegaba su hermano Alistair por detrás, que lo sostuvo en sus hombros para remolcarlo hasta la línea de meta, poco después de que Schoeman lo rebasara. El menor de los Brownlee ya era segundo tras ceder ante el sudafricano y, en esa tesitura, si Mola acababa en quinta posición, el campeonato mundial pasaría de las islas británicas al archipiélago balear.

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Jon apenas era un pingajo que colgaba por el asfalto sujetado por su hermano; fueron apenas unos centenares de metros, pero la imagen era sobrecogedora. Con la mirada perdida, pero la cabeza girada en busca de los perseguidores, el británico cruzó la meta con un estertor postrero de sus extremidades que parecían recibir el último estímulo eléctrico para terminar la prueba. Apretó los dientes, aceleró y su cuerpo se desmoronó tras rebasar la línea de llegada, quedando completamente inmóvil bocabajo. Yacía exhausto, con los ojos cerrados, parpadeando un par de veces a cámara lenta anhelando la intervención de las asistencias. No quedaba un ápice de energía en su cuerpo para jadear ni exhalar bocanadas profundas de aire tras el titánico esfuerzo.

En el horizonte aparecía Mario Mola, quinto finalmente y campeón del mundo tras producirse una inesperada y dramática carambola que le otorgaba el cetro mundial del triatlón, sucediendo a Gómez Noya, ausente por lesión.

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