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El hombre bala

Bob Hayes es el único ser humano del planeta que ha logrado 
un oro olímpico y un anillo de la Super Bowl.

El joven Bob Hayes era conocido en su época universitaria con el apodo de ‘El Cuervo’ debido al color de su piel; un apelativo al que hacía honor acudiendo a las carreras con un  espécimen de este ave en su hombro.

La increíble historia de Bob Hayes tiene su primer capítulo en Jacksonville, Florida, lugar en el que vio la luz el 20 de diciembre de 1942. Niño activo, pronto demostró unas condiciones atléticas poco corrientes que llamaron la atención de los entrenadores de la zona.

En el instituto destacaba jugando al football, logrando el título estatal para su high school ante más de diez mil personas en los difíciles años de la segregación racial; tampoco descuidaba las pruebas atléticas de velocidad en las que marcaba diferencias. Cuando le llegó el momento de acudir a la universidad fue tentado por muchas instituciones, aunque finalmente aceptó la beca de football de la Universidad A&M de Florida, asociada históricamente a estudiantes de raza negra.

Aunque la beca era para practicar el deporte del balón ovalado, los grandes logros de Hayes llegaron en las pistas de atletismo. Además de ser el primero en bajar de seis segundos (concretamente 5.9) en 60 yardas durante tres años seguidos (1962, 1963 y 1964), se proclamó campeón universitario de Estados Unidos de 100 yardas y también acumuló victorias en las 200 yardas. Su último año no lo pudo completar porque fue reclutado para representar a su país en los Juegos Olímpicos de Tokio.

Gloria Olímpica

La capital nipona fue la elegida para celebrar la decimoctava edición de los Juegos y se convirtió en el escenario perfecto para una de las actuaciones más impresionantes de la historia.

En las semifinales de los 100 metros lisos, tras ganar todas sus rondas previas, Hayes paraba el cronómetro en unos estratosféricos 9.9 segundos, pero la marca sería anulada porque soplaba demasiado viento a favor. Con estas credenciales, el americano se presenta en la final. 

Aquel jueves 15 de octubre era frío y lluvioso. Acababa de terminar la final de los 20 kilómetros marcha y la calle número 1 de la pista de ceniza del estadio olímpico estaba más deteriorada que el resto. Cuando llegó la hora de la final, los atletas finalistas clavaron con un mazo de madera los tacos de salida. En la calle 1, un hercúleo Hayes saltaba para no quedarse frío. En el momento del disparo de salida, una bala de 180 centímetros de altura y 84 kilos de peso salía rauda hacia la línea de llegada. Puños cerrados, cara relajada y el dorsal 702 prendido a la camiseta de tirantes bamboleándose hasta el momento en que su pecho rompía la cinta de llegada. 

El silencio del abarrotado estadio era ensordecedor, los espectadores asistían perplejos ante toda una exhibición. Su admiración no era únicamente porque el reloj se hubiera parado en 10.06 segundos, sino porque la distancia con los segundos ex aequo, el cubano Enrique Figuerola y el canadiense Harry Jerome, era de 2.13 metros, la más amplia de la historia olímpica.

El espectáculo de Hayes no terminó en el hectómetro. Último relevista del equipo norteamericano en el 4 x 100, formado por Paul Drayton, Gerry Ashworth y Richard Stebbins, era la única esperanza de lograr la victoria ante los veloces franceses y polacos. En aquella tesitura, un corredor galo se volvió a Drayton y le dijo: “no tenéis nada, excepto a Hayes”. Drayton, tranquilo, respondió: “eso es todo lo que necesitamos, amigo”. La carrera fue fulgurante y en la última posta Hayes recibía el testigo en quinta posición. En una aceleración digna de estudio en cualquier facultad de ciencias físicas, Hayes remontó hasta lograr otro oro olímpico y firmar un récord del mundo.

Nunca se sabrá qué marca hubiese hecho en los cien metros lisos en caso de haber corrido en una pista de tartán o si la ceniza no hubiese estado tan triturada. Lo único cierto es que su actuación fue tan asombrosa que le valió un lugar en la historia olímpica y en el salón de la fama del atletismo.

Paso al profesionalismo

A mediados de los sesenta, el atletismo era un deporte amateur y no daba para vivir de él, ni siquiera al hombre más rápido del planeta. Ante este panorama, Hayes tuvo claro su futuro y se presentó al draft de la NFL en 1964, en el que fue seleccionado por los Dallas Cowboys.

En Texas, el football es una religión y Hayes, durante diez años, dejó su huella en la franquicia de la estrella solitaria. Primero fue elegido para formar parte de los equipos especiales y luego fue utilizado como wide receiver. Debido a su velocidad, los equipos debieron modificar los sistemas defensivos pasando de una cobertura de hombre a hombre a dos líneas escalonadas, aún vigente hoy. Los números de Hayes con el llamado equipo de América fueron abrumadores. Capturó 371 recepciones, corrió 7.414 yardas y anotó 71 touchdowns, números que tardaron muchos años en superarse.

Además de ser elegido cuatro veces seguidas para el partido de las estrellas, disputó dos Super Bowls. La primera de ellas, jugada en 1971, los Cowboys perdieron 16 a 13 ante los Colts en el Miami Orange Bowl. Al año siguiente, repitieron y esta vez, en el Tulane Stadium de Nueva Orleans, vencieron a los Miami Dolphins por 24 a 3. En 1975 se trasladó a la bahía de San Francisco a jugar un año con los 49ers y así puso fin a su carrera deportiva.

Epílogo

En 1978 terminó en la cárcel por un turbio asunto relacionado con las drogas del que siempre se declaró inocente. Este incidente provocó que, en 2004, su nombre fuera rechazado para entrar en el salón de la fama de la NFL, en una decisión que generó una gran polémica. Finalmente se hizo justicia y este error fue corregido en 2009. Es el segundo campeón olímpico que lograba esa distinción tras Jim Thorpe, vencedor del decatlón y pentalón en Estocolmo y único que además tenía en sus dedos un anillo de campeón.

Lo triste es que Hayes no pudo disfrutar de esta distinción en vida, ya que falleció víctima de una grave enfermedad el 18 de septiembre de 2002.

Bob Hayes es historia del olimpismo y leyenda del deporte, un hombre que siempre deberá ser recordado entre los más grandes.

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