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Albert Español

 “El club ha hecho una apuesta para Europa, he venido aquí a ganar la Champions”

El atacante barcelonés comienza su andadura en la liga griega en las filas del todopoderoso Olympiacos, con el que aspira a adjudicarse el segundo 
cetro continental de su carrera

Albert Español Lifante (Barcelona, 29 de octubre de 1985), es uno de los emblemas del waterpolo español y uno de los pilares maestros que sostiene el bloque de la selección. A sus 31 años, el atacante barcelonés aterriza esta temporada en la tercera liga diferente de su carrera profesional, tras lograr siete títulos de la competición de la regularidad en España y probar suerte en el Rari Nantes Florentina de Italia. Su nuevo destino es Grecia, concretamente el todopoderoso Olympiakos, subcampeón de la Copa de Europa el año pasado y uno de los conjuntos más fuertes de todo el waterpolo mundial. Allí compartirá piscina con su compañero y amigo Blay Mallarach, con el que disputó los pasados Juegos de Río de Janeiro, donde España finalizó en una inesperada séptima plaza.

Su olfato goleador en uno de los principales avales de su carta de presentación, capaz de desatascar partidos trabados, siempre con el brazo cargado para soltar un potente misil desde cualquier rincón de la piscina. Además, suele ser un puntal importante en una faceta clave del juego muy valorada por los entrenadores, el sprint, ya que su velocidad le permite ganar habitualmente las primeras posesiones. Lucha, fuerza y sacrificio, son otras de las cualidades innatas de esta disciplina que Albert encarna a la perfección y que, junto a la experiencia que atesora, le han convertido en uno de los jugadores más cotizados del continente.

Su carrera se forjó a los quince años cuando debutó con el Atlètic-Barceloneta, el club de su vida, el que lo vio crecer y con el que ha logrado cosechar un palmarés envidiable llenando de éxitos (entre los que destaca una Champions) las vitrinas del club catalán, dueño y señor de la liga nacional. Mientras sumaba títulos y destreza en su juego, aprovechaba el tiempo estudiando una ingeniería que logró terminar con éxito, y que es probable le sirva en el futuro, cuando la edad no le permita seguir jugando como profesional a su mejor nivel, para conocer otras facetas de la vida. Pero, de momento, hay Albert para rato.

¿Qué tal es la vida en Atenas?

Bien, muy bien. Es una ciudad muy grande, así que tienes de todo, y bastante parecido a España, un poco mediterráneo, mucha gente por la calle, algo más caótica, pero bien, me gusta.

¿Cómo se maneja con el idioma?

Es muy difícil el griego. No es ni el mismo alfabeto. No puedes ni leer. Es como si estuvieras en China (risas). Si te vas a Alemania, el alemán es difícil pero por lo menos puedes leer. Intentaré aprender. Estoy en ello.

¿Por qué ha tomado la decisión de ir allí?

Me hicieron la mejor oferta económica y deportiva, era muy buena. El año pasado llegaron a la final de la Champions, están arriba del todo. El Atlètic-Barceloneta es muy buen equipo, pero podríamos decir que Olympiacos es un poquito mejor. También por la edad que tengo ahora, treinta y uno, si no me hubiera ido ahora difícilmente lo hubiera hecho más adelante. Todo me cuadraba bien y quizá fuera la última vez que se pudiera dar esta situación. Y a mí, estar en un lugar nuevo, conocer una liga nueva, nueva cultura, todo esto… me gusta.

¿Es duro dejar el club donde se ha criado?

Sí, es duro. Empecé allí con diez años. Pero bueno, con 21 me fui a Mataró, volví, luego me fui dos años a Italia, volví siempre al Atlètic-Barceloneta, y ahora me vuelvo a marchar, esta vez a Atenas. No sé si voy a volver, nunca se sabe. Se hace duro pero es bonito conocer cosas nuevas, no vas a estar toda tu vida en el mismo lugar. 

¿Está en su mejor momento deportivo?

Creo que sí. Mis mejores años han sido este último ciclo olímpico básicamente. Desde los veintiséis hasta hoy. 

¿Cuál es el objetivo del equipo este año?

La situación es muy parecida a la que vivía en España, donde el Atlètic-Barceloneta lleva diez-once años seguidos ganando la liga, y aquí es más o menos lo mismo. Aquí suelen ganar todos los partidos, y el objetivo es la Champions.

¿Cómo ha empezado la temporada?

El primer partido no jugué yo. Aquí en Grecia solo pueden jugar dos jugadores extranjeros. Nosotros somos cuatro. Nos vamos rotando en liga. Yo jugaré la mitad de los partidos. El club ha hecho una apuesta para Europa, he venido aquí para la Champions. 

¿Qué valoración hace sobre el resultado obtenido en Río?

Para todos nosotros fue una gran decepción no luchar por las medallas. Por un lado se puede pensar que España lleva mucho sin estar ahí, desde 2009 que ganamos la plata en el mundial de Roma, además perdimos la final en los penaltis, pero por otro lado este año llegábamos muy bien de forma, jugando muy bien, con muy buen equipo y con muchas posibilidades de hacer un buen papel. La fase de grupos jugamos muy bien, por ejemplo, ganamos a Croacia 9 a 4, que luego llegó a la final. Ganamos a equipos muy fuertes y creíamos poder conseguir una medalla, pero nos cruzamos con Serbia en cuartos. Han ganado todo en los últimos cuatro años. Serbia es muy complicado. No pudimos siquiera llegar a semis. Eso fue duro y muy decepcionante.

¿Son los Juegos lo mejor que puede vivir un deportista?

Sin duda. Es lo que sigues en la tele, lo que sueñas de pequeño. Cuando estás allí es muy bonito. Son unos días en los que el deporte está en el centro del mundo, no el fútbol o el basket, sino todos los deportes, y tú estás participando en ello. Para mí, Londres fue un sueño realizado, y tal vez en Río ya sabía lo que era y quería ganar, una experiencia única.

¿A qué se debe que tengamos mejores resultados en mundiales que en europeos?

Siempre nos pasa esto, pero no sabría decirte. Puede ser porque los equipos más fuertes están en Europa. En un mundial te puede tocar Nueva Zelanda, Sudáfrica o Argentina, sin menospreciar a nadie, rivales más débiles. Son lugares donde el waterpolo es minoritario y el nivel es muy bajo. En un europeo lo peor que te puede tocar es Francia, que ya es un rival mucho más fuerte, más competitivo. Pero esto tampoco tendría que ser una relación directa, no te sabría dar respuesta a eso.

¿Por qué en España se concentran la mayoría de equipos en Cataluña?

Creo que eso sucede en mucho deportes. En Cataluña y en el País Vasco hay mucha tradición de club. En cualquier pueblo puedes encontrar un club de natación, de volei, de remo…  Me consta que en otros lugares de España no es así, por lo que me han dicho y por lo que he podido ver personalmente. Al final, conseguir deportistas de alto nivel se basa en tener una base muy amplia, muchos niños que desde pequeños estén practicando deporte. Si en tu región es normal que los niños vayan a un club a practicar deporte, entiendo que es más fácil que luego crezcan deportistas de alto nivel. Las disciplinas más populares como basket o incluso ahora la natación están en muchos lugares de España y cada vez hay más, en cambio los minoritarios siguen concentrados en Cataluña y País Vasco.

Debutó en el primer equipo con tan sólo quince años, ¿acortó un poco su adolescencia?

No te la acorta ni alarga. Modifica tus vivencias. La vida que pueda tener un deportista en esa etapa es muy distinta a la que pueda tener otra persona que no haga deporte. Tiene cosas buenas y cosas malas. Por un lado, yo nunca hice viaje de una semana con el cole o las fiestas de los viernes… Estas experiencias no las tienes, pero a cambio tienes otras cosas. Por ejemplo, yo con dieciséis años me iba a jugar un partido a Italia, o en verano con la selección a Grecia, o a jugar un mundial a Argentina. Me perdí muchas cosas pero a cambio de ello obtuve experiencias distintas y muy enriquecedoras. Cuando lo vives es duro, pero visto en perspectiva creo que te enriquece la vida de deportista.

¿Ha habido algún momento de debilidad durante todos estos años?

A nivel deportivo tuve un año bastante malo a los veinte. Y psicológico, los momentos más difíciles fueron a los quince o dieciséis años, cuando te das cuenta de que haces cosas muy distintas a las de tu entorno. Para mí, eso fue lo más complicado, no he tenido ningún episodio difícil en este sentido.

¿Hasta qué edad cree que podrá rendir a un gran nivel?

Nunca se sabe. Depende del cuerpo y la cabeza. Cuanto mejor vida lleves y más te cuides, más sano vas a estar, pero si te lesionas o no, o de repente pegas un bajón físico… eso es difícil de controlar. La otra parte es la mental. Yo estoy muy bien, estoy con ganas y con ilusión. Me acabo de ir a Grecia, que es algo que requiere ganas, así que de momento este ciclo olímpico, es decir hasta los 34, me lo planteó estando a tope y vivir por el waterpolo.

Y una vez lo dejé, ¿le gustaría trabajar como ingeniero o continuar ligado al waterpolo profesional?

Antes siempre decía ‘cuando acabe con el waterpolo quiero ser ingeniero’; ya que hice la carrera en su día tan complicada, me gustaría vivir esta otra faceta de la vida. Pero ahora no lo sé, el waterpolo me gusta mucho. Estoy teniendo muchas experiencias en muchos lugares, lo cual me da un cierto conocimiento que luego sería interesante poder aplicar o compartir. Jugar en distintos países son distintas maneras de ver el deporte, el mundo, entrenar o mentalidades y eso es muy positivo. No sé lo que será de mi (risas).

¿Cómo descubrió el waterpolo?

Fue casualidad. En un campus de verano de dos semanas. Hacíamos muchas actividades y un día practicamos waterpolo y me apunté. Empecé con 10 años.

¿Es tan duro como parece?

Es duro igual que los son todos los deportes acuáticos, porque estás en un medio distinto. No estamos diseñados para el agua, lo estamos para la tierra. Por eso entrenamos tanto. Nadadores, sincro y waterpolo entrenamos muchísimo, mucho más que otros deportes. Cuando dejamos de entrenar dos semanas, tirarte al agua es durísimo. 

¿Y fuera del agua el cuerpo se resiente?

Tenemos la espalda muy grande porque estamos todo el día nadando, y nos pasa a casi todos, nos cuesta estar rectos. Estamos como descompensados fuera del agua, y eso sí que lo notamos. O andar muchas horas seguidas, nos destroza. Creo que eso es porque nuestro cuerpo está adaptado, muy entrenado para el agua y cuando tenemos que hacer cosas fuera es un drama (risas).

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