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Eli Pinedo

 “La espinita que me queda es no haber llegado más lejos con ‘Las guerreras’ en Río”

La exjugadora vasca inicia una nueva etapa de su vida, tras abandonar la alta competición, con un horizonte lleno de proyectos y negocios

Fue una decisión, no un desenlace inevitable. Y fue su cabeza la que eligió el final, y no sus piernas   las que le empujaron a despegar de su vida la resina que la mantenía adherida al balonmano. Eli Pinedo (Amurrio, Álava, 13 de mayo de 1981) tuvo ese privilegio que no todo deportista posee, el de abandonar en plenitud y no tras un proceso de decadencia que precipita los acontecimientos.

La ya exjugadora vasca pudo retirarse a lo grande, compitiendo por las cotas más altas, en la mayor competición del planeta, en unos Juegos Olímpicos, inmortalizando ese momento como colofón de una brillante carrera plagada de éxitos. Pinedo ha integrado la generación más brillante de la historia y ha sido protagonista  de la irrupción del balonmano español en el panorama internacional. A sus 34 años, era su momento, el turno de pasar página e iniciar un nuevo episodio en su vida para seguir evolucionando.

Cinco Ligas, tres Copas de la Reina, una Copa EHF, todos conseguidos con el Itxako y el Bera Bera, contemplan un palmarés envidiable, coronado con dos subcampeonatos de Europa con la selección (Macedonia 2008 y Hungría 2014), un bronce en el Mundial de Brasil (2011) y con el tercer escalón del podio de Londres 2012, haciendo historia con ‘Las guerreras’. Goles de todas las facturas, más de 200 participaciones con el combinado nacional, todo un referente para compañeras y rivales… Eli Pinedo es un pedazo de la historia del balonmano español y del deporte femenino.

¿Cómo es su nueva vida, echa de menos la competición?

La verdad que no he tenido mucho tiempo para echarla de menos. Era algo que tenía muy pensado y estaba convencida de ello.

¿Cuánto tiempo tardó en tomar una decisión así?

Nunca he sido de pensar ‘¿cuándo lo dejaré?’. Cuando llegó, lo pensé y me dije ‘es el momento’. Creí que era lo mejor hacerlo así.

¿A qué dedica su tiempo ahora?

No paro. Estoy trabajando con la empresa London717, la que hemos creado Bea y yo de ropa ecológica, sin parar de hacer cosas. Y luego me están saliendo otras historias que ya iré contando poco a poco según vayan llegando. Hago un poco de deporte por mi cuenta. También estar en Madrid ahora, en un escenario nuevo. Estoy muy ocupada y muy contenta.

¿Qué produce más tensión, el balonmano o los negocios?

Es diferente, pero creo que lo que busco es esa tensión. Además me parece que con presión, tensión y motivación se trabaja mucho mejor y se consiguen mejor las cosas.

¿Qué tiene de especial la marca London717?

Tiene dos puntos fuertes y especiales a la vez. Uno que es ropa ecológica, bajo una producción sostenible, con certificados de calidad, cuidando el medio ambiente y al trabajador, etc…  Es una forma de cuidar un poquito el mundo de la manera que podemos sin explotar a nadie y teniendo en cuenta el planeta que a veces se nos olvida y nos lo estamos cargando entre todos. Y otro de los puntos fuertes que tiene es que el 5% de los beneficios anuales va a ir destinado al deporte femenino. Eso nos hace de alguna manera seguir ligadas por lo que hemos luchado siempre. Hace que nos valore como tal. Creo que hay niñas en exclusión social que necesitan una ayudita para practicar el deporte que sea y a modo de campus poder estar en contacto con ellas. Es algo que teníamos claro que queríamos hacer incluso antes del nombre de la marca.

¿Qué es lo mejor que le ha dado el balonmano?

Los momentos bonitos y las personas con las que los he compartido. Personas que van a estar el resto de la vida a mi lado, en la distancia o desde la cercanía. Personas impresionantes, increíbles con las que me he cruzado y que ya son familia mía y que me las quedo para siempre.

¿Habría cambiado algo a lo largo de su carrera deportiva?

He sido la jugadora que he sido gracias a todo lo que me ha pasado. Más cosas buenas que malas porque, por suerte, malas apenas han sucedido pero no, creo que no cambiaría nada. Si hablamos de palmarés, sí que es verdad que me estoy enterando un poco ahora que me he retirado definitivamente porque nunca he sido de mirar hacia atrás, ni de contar las ligas y copas que llevo. Alguna espinita clavada se me ha podido quedar con los Juegos de Río, que me hubiera gustado llegar más lejos con ‘Las Guerreras’ pero entiendo que el juego es así, a veces se gana y a veces se pierde, y estoy convencida de que nos darán muchas alegrías a partir de ahora.

201 partidos con ‘Las guerreras, ¿ha evolucionado el equipo en este tiempo?

Sí, claro que sí. Hemos evolucionado todas. Empezamos siendo unas crías casi sin entendernos en el campo y hemos terminado con una conexión muy especial ya no solo dentro del campo sino fuera también. Claro que ha evolucionado, el balonmano, la vida, todo a la vez un poco.

¿Quizá le ha faltado un oro con España para poner el broche?

Sí, es verdad, tengo dos platas y dos bronces. Hay amigos que me quieren mucho que me dicen que el oro es de burgueses (risas). A ver, una medalla olímpica como la de Londres fue un bronce, no un oro, pero reconozco que nos sentó igual de bien o incluso mejor. Al final del color casi ni te acuerdas.

¿Hay futuro en el balonmano femenino español?

Sí, claro que lo hay. Ya han entrado muchas jugadoras jóvenes, creo que hay mucho futuro y nos van a seguir dando muchas alegrías.

¿Ha podido seguir el inicio de la liga?

He estado fuera diez días y estoy un poco desconectada, pero pendiente por las redes sociales de todo. Cuando viene Bera Bera a jugar no falto a la cita. Compañeras de la selección que están fuera puedo verlas online. Partidos de Champions por ejemplo no me gusta perdérmelos porque son de mucho nivel y conozco a todas las jugadoras. 

¿Es perjudicial para la competición que las grandes jugadoras tengan que salir fuera?

Para la liga nacional nos encantaría tenerlas aquí a todas porque subiría de nivel y venderíamos un producto mejor que estando fuera, pero sufrimos la crisis en primera persona cuando empezó y, aunque ahora se ha estabilizado un poco todo y empieza a coger un buen color la liga, el que tenía hace seis o siete años, pues poquito a poco intentaremos ir recuperándolas a todas para que puedan jugar en su casa.

¿Y su aventura en Dinamarca, salió como esperaba?

Sí, fue un año magnífico. Solo fue una temporada porque yo lo decidí así. Quise valorar más cosas al margen del balonmano y volví por estar cerca de mi gente, de mi familia, en mi ciudad, Donosti. Un año deportivamente muy bueno, me salieron las cosas muy bien, conocí la cultura danesa, que es un país muy bien organizado; tenemos mucho que aprender de ellos. Fue una experiencia buenísima que me quedo para siempre y que si no la hubiera hecho me hubiera arrepentido.

¿La veremos ejerciendo pedagogía?

Ya ejerzo cada día en la vida. Profesionalmente, no lo sé. La licenciatura la tengo ahí, me la tomé como un poco la carrera de la vida. Es verdad que igual no me veo sobre un puesto de pedagoga ahora mismo pero estoy segura que me va a servir para muchas más cosas.

¿Se siente reconocida por su labor en el balonmano español?

Sí, sí. Me he visto recompensada por la gente y, además, creo que parte de la emoción que sentí cuando anuncié mi retirada, después en la rueda de prensa y demás, fue un poco por ahí, porque observé que la gente vio más allá de lo que fui como jugadora. Creo que todo lo he hecho siempre con la mano en el corazón, sin pensar en obtener nada a cambio, para que se conozca el balonmano femenino y que la gente pueda hacerse eco de que hay unas jugadoras ahí que luchan cada día por ser un poquito mejores y por cumplir sueños.

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