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La leyenda de ‘Mr. Hockey’

El fallecimiento de Gordon Howe deja a los seguidores de los Red Wings huérfanos del hombre que les guió en su época más gloriosa

Pocas ciudades se han visto tan afectadas por la crisis económica como Detroit. La Motown, que ya estaba en recesión en la década de los ochenta, se sumió en un pozo tan angosto que el alcalde se vio obligado a decretar la bancarrota de la ciudad. Pero la gente que habita en la zona de los grandes lagos está acostumbrada a que el viento no sople a su favor y, para hacer más llevadero el trago, se agarra con pasión a sus equipos deportivos. En Detroit, localidad con una franquicia en los cuatro deportes profesionales americanos, el hockey sobre hielo es una religión y Gordon Howe ha sido su mesías.

El 31 de marzo de 1928 nacía Gordon Howe en Floral, Saskatchewan (Canadá), un pueblo tan pequeño que no contaba con oficina de correos, ya que había cerrado cuatro años antes. Debido a las pocas perspectivas de futuro, su padre decidió que la familia emigrase a una granja en el oeste del país, en Saskentoon, en busca de mejores oportunidades.

Gordon no tuvo una infancia fácil. Además de estar aquejado de una leve dislexia, tuvo que pasar muchas horas colgado de una barra para prevenir posibles curvaturas de su columna. Todo esto no impidió que demostrara sus habilidades con el stick. Con 15 años, los Rangers de Nueva York le invitan a un campamento en Winnipeg donde le observan para al final tomar la decisión de descartarle. A pesar de ello, el equipo amateur de su ciudad lo convoca para un torneo. Allí llama la atención de los Red Wings de Detroit, que en 1944 le invitan a una prueba. En esta ocasión sí que convenció a los ojeadores de la franquicia del estado de Michigan, que le firmaron comenzando así una relación que duró un cuarto de siglo. 

Antes de marcharse a la ciudad del motor, su padre le dio un consejo que le acompañó toda la vida: “No dejes que nadie tire tierra sobre ti, porque nunca pararán”.

Años de gloria en Hockeytown

Howe llegó dispuesto a ganarse un puesto en el equipo. En su primera temporada peleó tanto que cuando preguntaron a su entrenador acerca de su opinión sobre el joven jugador dijo: “se ha peleado tanto que la única duda que tengo es si sabe jugar al hockey”. Y poco tardó en responderle Howe.

En el viejo Olympia Stadium, también conocido como el molino rojo y derribado en 1987, los aficionados de los Red Wings disfrutaron de sus años más gloriosos. Howe, con el dorsal 9, desde el ala derecha, Sid Abel, con el 12 y Ted Lindsay, con el 7, formaron el temible trío que fue conocido como ‘la línea de producción’, formación que sigue siendo líder de todos los tiempos en goles, puntos y asistencias, y que logró que los de Detroit ganaran siete veces consecutivas la temporada regular, además de tener sus números retirados y colgando orgullosos del techo del Joe Luis Arena. Howe era duro, tanto que acumuló 1.685 minutos sancionado e hizo célebre su curioso hat-trick: un gol, una asistencia y una pelea.

Los años cincuenta fueron gloriosos para los equipos de una ciudad en auge como era Detroit. Los Lions ganaron la liga de fútbol americano en el 52, 53 y 57. A esto se sumaron los Red Wings que ganaron el trofeo más antiguo del deporte americano, la Stanley Cup, en el 50, 52, 54 y 55, convirtiéndose en la franquicia estadounidense que más veces ha conquistado el santo grial del hockey.

Howe completó su currículum con el logro de 6 trofeos Art Ross Trophy, que se otorga al jugador que logra más goles y asistencias; 6 galardones como jugador más valioso, fue seleccionado 23 veces para el partido de las estrellas y fue el máximo goleador de la historia, algo que superó el gran Wayne Gretzky en 1994. En 1971, tras 25 temporadas en Detroit, decidió retirarse con 44 años y unos problemas en la muñeca y al año siguiente entró en el salón de la fama.

Una vida dedicada al hockey y a su familia

Gordon Howe se casó en 1953 con su novia Collen. Ella era la encargada de defender los intereses de la familia mientras su marido competía en el hielo, siendo la primera mujer que ejerció de agente deportivo. Una vez retirado, crearon una organización benéfica para ayudar a los niños desfavorecidos a aprender a jugar al hockey, además de colaborar en la construcción de pistas de patinaje en Michigan. 

En su vida le daba tanta importancia a la familia que volvió a jugar al hockey en la World Hockey Association por compartir equipo con uno de sus hijos. Cuando Collen enfermó, Howe se volcó en el cuidado de su mujer hasta que ella falleció en 2009.

El legado de Howe, conocido como Mr. Hockey por todos sus logros y amor al juego, va más allá de campeonatos, goles o haber tenido una carrera deportiva que abarcó seis décadas distintas. En la época de los Original Six (Montreal Canadiens, Toronto Maple Leafs, Boston Bruins, Chicago Blackhawks New York Rangers y Detroit red Wings) los jugadores eran pura mercancía en manos de las franquicias, Howe fue uno de los que más se significó por conquistar derechos laborales para los jugadores.

Este pasado mes de junio, en Sylvania, Ohio, Gordie Howe fallecía a la edad de 88 años. Detroit le ha rendido homenaje en el Joe Luis Arena, pabellón en el que juegan ahora sus partidos la franquicia de la rueda alada y que está presidido por una estatua de bronce de Howe de más de tres metros y medio de alto, pero en el que, curiosamente, Howe no jugó.

El día del funeral, la primera persona que llegó a la puerta del pabellón fue un obrero jubilado de la industria automovilística. Llegó nueve horas antes de que abrieran las puertas, se sentó en una silla plegable y se arropó con una manta. Aquella espera merecía la pena, se iba a despedir a uno de los más célebres y al que siempre será el más grande en Detroit.

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