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The fabulous five

A principio de los noventa, cinco chicos de primer año revolucionaron el baloncesto universitario. Nunca fueron campeones, pero su legado fue mucho mayor, la eternidad

Un balón de baloncesto se parece en su forma al globo terráqueo, es una esfera achatada por los polos. Además, el balón tiene dibujadas unas líneas a imagen y semejanza del ecuador y los trópicos. En la forma no terminan las semejanzas entre el planeta Tierra y la pelota del deporte de la canasta: en nuestro planeta hemos sufrido, entre otras enfermedades, la fiebre amarilla. En el básquet, ejemplos de esta fiebre habían sido localizados, a lo largo de la historia, en Los Ángeles, con los Lakers, y en Tel Aviv, con el Maccabi. A principio de los noventa, dos brotes se dieron simultáneamente, uno en Split, con la temible Jugoplastika, y otro en el campus de Ann Arbor, con los Wolverines de la Universidad de Michigan.

Reclutamiento

Corría el año 1989 y la Universidad de Michigan se proclamaba campeona del torneo final de la NCAA en la prórroga, con Glen Rice como estrella. Aquello era un éxito mayúsculo para una universidad cuyo principal motivo de orgullo siempre fue el fútbol americano. Sin embargo, la alegría fue efímera y, al año siguiente, el equipo fue eliminado en segunda ronda. En 1991 les fue todavía peor y el entrenador, Steve Fisher, se veía en la obligación de reclutar gente nueva para evitar la caída libre… y su despido. Para ello tenía claro que el objetivo número uno era un chico llamado Chris Webber, al  que había que rodearle de talento. Fue entonces cuando Dutcher, uno de sus asistentes, le habló de Juwan Howard. 

Juwan era un muchacho que vivía en un barrio del sur de Chicago, de núcleo familiar pequeño y unido en torno a la figura matriarcal de su abuela. Él aspiraba a enrolarse en una universidad cuyo plantel fuera lo más parecido a ese concepto de familia. El destino quiso que el mismo día que Howard firmó con los Wolverines falleciera su abuela. Su nuevo entrenador, al conocer la noticia, se subió a un avión y acudió al sepelio. Ese mismo día nació la nueva familia de Howard.

El siguiente en la lista era Jimmy King, que asombraba en su escuela de Plano en el estado de Texas. Su talento no pasó desapercibido y fue seleccionado por la universidad de Kansas, a pesar de ello, Howard habló con él y, tras la conversación, King terminó por elegir la universidad de Michigan. También interesaba Ray Jackson, otro jugador tejano (nacido en Austin), que desde el primer momento tuvo claro que “Howard era el cerebro”. Los cimientos ya estaban construidos y sólo faltaban las dos cúpulas para completar la obra.

Las vidas del deseado Chris Webber y Jalen Rose transcurrían de manera paralela. Rose vivía en el oeste de Detroit, en el estado de Michigan, su padre, Jimmy Walker, fue número 1 del Draft en 1967. Mientras Rose jugaba en la escuela pública de secundaria Southwestern, Webber se inscribió, en noveno grado, en la prestigiosa escuela del condado de Detroit.

Existe una gran diferencia entre jugar al baloncesto en una escuela pública o una privada en la Motown. Los autobuses, las duchas e incluso los índices de criminalidad diferían entre unos centros y otros. Rose nunca olvidará que en algunos barrios, a la hora de lanzar tiros libres, algunos espectadores locales se colocaban debajo de la canasta con la mano metida dentro de los abrigos intentando disuadirle para que no anotara. A pesar de ello, Rose ganó el título de clase I.

Webber hizo campeona a su escuela y fue nombrado Mr Basketball. Escuchó cantos de sirena de la universidad de Duke pero Juwan Hoard, tras el sí de Rose, le convenció para que formara parte de la universidad  pública de la M mayúscula.

Primeros pasos

En otoño de 1991, al mismo tiempo que el hip hop revolucionaba la cultura pop, cinco chicos pisaban por primera vez el campus de Ann Arbor de la universidad de Michigan. La temporada empezó con tres novatos en el equipo titular, Rose, Howard y Webber. Rompiendo con la estética de la época, fueron los primeros en ponerse pantalones anchos, alegando cuestiones de comodidad. El entrenador no presentó objeción mientras los resultados fueran positivos. Tras cuatro victorias consecutivas llegó el partido contra Duke, los elitistas de la universidad privada, el archienemigo. 

Ray Jackson odiaba a Duke, al igual que Rose, porque consideraban que “sólo reclutaban a negros si eran la viva imagen de la perfección”.  Grant Hill, estrella de los Blue Devils, de familia afroamericana, cuyo padre había jugado en la NFL y su madre había sido compañera de habitación en la universidad de Hillary Clinton, encarnaba ese prototipo modélico al que se refería Rose. 

Los jugadores de Michigan subestimaron a su rival porque pensaban que los chicos guapos de Duke eran unos blandos, sin embargo, cuando quisieron reaccionar perdían por 17 puntos. Poco a poco redujeron la desventaja hasta llevar el partido a la prórroga y convertir el pabellón en un clamor. Al final, la victoria fue para Duke por tres puntos, pero el aviso estaba enviado.

En enero de 1992 ya eran cuatro los titulares de primer año en el equipo. Ray Jackson era el único en el banquillo, una situación difícil de encajar que soportó “por la conexión que tenía con sus cuatro compañeros”.  Poco tuvo que esperar, ya que el 9 de febrero, contra Notre Dame, los cinco novatos fueron entraron de inicio en la alineación. El entrenador declaró que no puso ese quinteto desde el primer día “porque no quería perder al resto del equipo”.

La temporada avanzaba y Michigan terminó en sexta posición, con un balance 20 victorias y 8 derrotas, pero el juego no fue lo único que llamó la atención de los Wolverines. Jalen Rose fue el rey del trash talking (lenguaje basura) y estudiaba a sus rivales para dedicarles improperios a su medida. Ese comportamiento no fue del agrado de quienes defendían los valores academicistas del centro, que remitieron cartas advirtiendo de que aquel estilo no comulgaba con los principios de la universidad de Michigan, mostrando, además, su descontento por ver a cinco negros en la cancha. Aquel revuelo solo consiguió unir aún más al bloque.

El impacto de este quinteto fue tal que contaron con la admiración de seguidores muy ilustres. Durante la fase final, disputada en Atlanta, el equipo de Michigan coincidió en el hotel con Mohamed Alí. El gran campeón de boxeo no sólo conocía los nombres de los jugadores sino que se declaró abiertamente fan y mantuvo una amistosa charla con ellos. Tras un durísimo partido contra Ohio State, los Wolverines lograraban el billete para la Final Four al grito de “vamos a sacudir el mundo”.

En Minneapolis se citaban las cuatro mejores universidades del país. Cincinnati era el último escollo antes de la final y los de Michigan lo superaron. Aquel logro era histórico, un equipo con cinco titulares de primer año accedía a la final. El rival a batir era de nuevo el odiado Duke. Enfrente, Grant Hill y el pivot Christian Laettner, que para los cinco fabulosos era un niño bonito, blando y sobrevalorado. 

Al descanso, Michigan ganaba de uno, pero en la segunda parte los pupilos de Mike Krzyzewski jugaron como verdaderos campeones y lograron el título por una ventaja de 20 puntos. Laettner demostró de qué pasta estaba hecho y su dominio de la zona le sirvió para viajar ese verano a Barcelona, formando parte del mejor equipo de la historia del baloncesto.

En el mes de mayo, el entrenador Fisher decide llevarse a sus chicos a Venecia y, mientras rapean en la plaza de San Marcos durante su tiempo libre, jugaban partidos contra equipos profesionales. Empieza a gestarse la idea entre ellos de que existe un negocio a su costa sin que ellos recibieran un solo dólar.  

Segundo año universitario

El segundo año empezaba con un objetivo claro, ganar la Final Four, pero algo rondaba en la cabeza de los jugadores. Se sentían explotados, no veían ningún beneficio de todo el merchandising de la universidad. Un día, paseando por Chicago, vieron en el escaparate de una tienda las zapatillas de los Fab Five. Cualquier cosa que esa marca vendía la asociaba a ellos, de manera que tenían sus propias zapatillas pero los bolsillos vacíos. 

Eran una mina de oro de la que no sacaban tajada más que sus valedores, no en vano, la universidad recaudó el año de los Fab Five unos 10.5 millones de dólares. El año de los disturbios raciales en Los Ángeles, los Fabulous Five se habían convertido en un icono cultural por sus tatuajes, pendientes y su manera de vestir. La camiseta de Webber costaba 75 dólares pero, a pesar de ello, él tenía que pedir prestado dinero para llenar el depósito de su coche. A modo de protesta, decidieron vestir unas camisetas azules lisas, sin logotipo ni el nombre de la universidad.

A la controversia económica se le unieron otros altercados de índole extradeportivo que hicieron convulsionar la tranquilidad del equipo esa temporada. En febrero de 1993, Rose era detenido en una redada por drogas en casa de un amigo de la infancia. En el siguiente partido tras ese incidente, contra Illinois University, el público se pasó el partido gritándole “Fumadero de Crack”, a lo que Rose respondió con una de las mejores actuaciones de su vida y ganando el partido de un punto en la prórroga.  

A pesar de los vaivenes y la inestabilidad, lograron 26 victorias por tan solo 4 derrotas y terminaron con el mejor balance de triunfos y el número uno del cuadro final. Tras remontar 19 puntos a UCLA, sacaron su billete para la Final Four de Nueva Orleans.  En semifinales se vieron las caras contra el mejor equipo del país, Kentucky, tierra de caballos y baloncesto. A falta de 22 segundos, los Wolverines ganaban por dos puntos, pero dos tiros libres a falta de diez segundos dejaba el marcador igualado. Faltando poco más de un minuto para el final de la prórroga, los gatos salvajes se ponían tres arriba, pero en un soberbio ejercicio de fe, Michigan lograba remontar y vencer por tres puntos, plantándose así en su segunda final universitaria. En esta ocasión, el rival era la mítica North Carolina, alma mater de Michael Jordan o James Worthy, entre otros.

En esta ocasión, la final, disputada en el Superdome, fue mucho más igualada. A menos de un minuto de la conclusión, Michigan solicitaba su último tiempo muerto, algo que sería clave en el desenlace del choque. Cuando restaban solo 20 segundos por jugar, los Tar Heels de North Carolina ganaban por un punto y disponían de dos tiros libres. El primero entraba, dos arriba para NC. El segundo era escupido por el aro y el rebote lo atrapaba Webber, que cruzaba el campo y, a falta de 11 segundos, solicitaba tiempo muerto cuando su equipo los había agotado todos. Técnica contra Michigan y derrota final por 77 a 71.

Mientras los jugadores de otro entrenador mítico, Dean Smith, levantaban el trofeo, Webber caminaba cabizbajo hacia los vestuarios y Jackson estrellaba una silla contra una valla. Los Fabulous Five eran todo dolor. El sueño de ser campeones y marchar los cinco a la NBA se difuminaba. El alma de ese equipo se rompió en aquel partido de Nueva Orleans.

Paso al profesionalismo

Webber se marchó ese año a la NBA. Howard y Rose lo hicieron al año siguiente y King y Jackson dos años después. Ahí terminaba un equipo que revolucionó América. Fueron los primeros en jugar con zapatillas y calcetines negros, moda que no agradaba en Estados Unidos. El país de la libertad se sentía amenazado por unos jóvenes negros que decían lo que pensaban fuera de los cánones establecidos y a la vez respondían en la pista con mucho esfuerzo y sufrimiento.

Estos chicos seguirían dando de qué hablar. Webber comenzó a ser investigado por haber recibido dinero mientras era universitario: “En Detroit se piensa en comer y no en las reglas de la NCAA”, respondió Rose cuando fue interrogado al respecto. El problema residía en que el dinero de Big Money Ed, que se preocupaba de que a ningún chaval le faltaran zapatillas ni nada de primera necesidad, provenía de mesas de juego clandestinas. Webber compareció en rueda prensa y negó públicamente cualquier relación con Ed, aquello supuso un jarro de agua fría en su relación con Jalen Rose.

En 1997, la universidad ordenó una investigación y despidió a Fisher como entrenador, revocando las victorias y quitando las banderas que ondeaban en el techo del pabellón. En los archivos de Ann Arbor se encuentran los pecios de una revolución. Para unos, un movimiento cultural, para otros, un ejemplo de todo lo negativo que tiene el deporte universitario.

En la NBA tuvieron suerte dispar. Jimmy King recaló en los Raptors de Toronto y fue un trotamundos del baloncesto. Jalen Rose jugó una final de la NBA, que perdió contra los Lakers. Ray Jackson nunca jugó en la NBA, Webber fue estrella de los increíbles Kings de Sacramento, pero perdieron el séptimo partido de la final de conferencia contra los Lakers, víctimas de la fiebre amarilla. Solo Howard, enrolado en los Heat de Miami, ha logrado un anillo de campeón, en concreto dos, pero con una aportación testimonial.

Años después, Jalen Rose le decía a un periodista: “Dime quién ganó el título hace tres años. Dime quién ganó el título hace cinco años. Dime cuál fue el quinteto de Carolina del Norte que nos ganó”. Y Rose tiene razón, ellos no necesitan de títulos para ser recordados, siempre serán los Fabulous Five.

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